Cómo ayuda la terapia con el estrés

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El estrés aparece como mecanismo natural de respuesta frente a situaciones que precisan de una reacción o adaptación rápida. En ese sentido, no tiene por qué ser malo.

El problema aparece cuando nos vemos expuestos a situaciones que superan nuestros recursos, viéndonos abocados a una sobrecarga que puede afectarnos muy negativamente.

En ocasiones ocurre que no relacionamos los signos que se manifiestan en las personas estresadas como problemas graves. Por eso, es importante que sepamos identificar sus síntomas, antes de que desemboquen en trastornos importantes.

En cuanto a los síntomas, son muy numerosos y variopintos:

  • Dolor de cabeza.
  • Mala memoria.
  • Cambios de conducta.
  • Falta de energía.
  • Dificultad de concentración.
  • Diarrea, estreñimiento y otros problemas digestivos.
  • Variaciones de peso generadas por cambios en los hábitos de alimentación.
  • Problemas en el ámbito sexual.
  • Cansancio constante.
  • Exceso de sueño o insomnio.

Cuando la situación estresante se prolonga en el tiempo, también podemos padecer problemas cardiovasculares, depresiones y un desgaste a nivel celular que acelera el envejecimiento. Es en este punto cuando el problema puede desembocar en alguna de las siguientes manifestaciones:

· Estrés agudo, ocasionado por situaciones puntuales emocionalmente complicadas. Suele desaparecer con relativa rapidez.

· Estrés crónico, el cual se prolonga en el tiempo durante semanas, meses o años. Este es el más peligroso.

Por las características especiales de sus desencadenantes y la frecuencia con la que aparecen, cabe diferenciar también entre los siguientes tipos de estrés:

– Postraumático. Se desarrolla, por ejemplo, cuando está en juego la vida de un ser querido o la propia vida.

– Laboral (contratos temporales, presión, cargas de trabajo abusivas…).

– Familiar (separación de padres, violencia intrafamiliar, conflictos…).

– De pareja (celos, peleas, dificultades para concebir, problemas sexuales…).

– Financieros (falta de ingresos suficientes, deudas, incumplimiento de pagos, pérdidas del hogar,…).

– Social (falta o pérdida de apoyo social, rechazo, ser objeto de críticas,…).

En los casos más extremos, la terapia psicológica persuasiva, guiada por profesionales, se ha demostrado como una de las soluciones de referencia.