Estrés

Estrés

El estrés psicológico puede entenderse como una sobrecarga para el individuo. Esta sobrecarga depende tanto de las demandas de la situación, como de los recursos con los que cuenta el individuo para afrontar dicha situación. Cuanto mayores sean las demandas de la situación y cuanto menores sean los recursos del individuo, la sobrecarga será mayor.

Es una relación particular entre la persona y el entorno que es evaluado por ésta como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar. Desde esta perspectiva, se considera más importante la valoración que hace la persona de la situación a la que se enfrenta que las características objetivas de dicha situación.

Inicialmente el estrés puede dinamizar la actividad provocando un proceso de incremento de recursos (atención, memoria, activación fisiológica, rendimiento, etc.) que hace aumentar la productividad (es a lo que se le llama estrés positivo, y generalmente está relacionado con el estrés laboral). Sin embargo, cuando este proceso de activación es muy intenso o dura mucho tiempo, los recursos se agotan y llega el cansancio, así como la pérdida de rendimiento.

Fundamentalmente, lo que marca las diferencias en el funcionamiento social entre individuos es la forma en que cada uno afronta las situaciones.

La Ansiedad y el estrés tienen la misma manifestación fisiológica, se diferencian en cuanto que el estrés es un Proceso, y por tanto, su manifestación sería puntual ante la situación aversivas,  mientras que la Ansiedad es un estado emocional más permanente.

El estrés es causa de diversos trastornos, tanto a nivel psicológico, como a nivel fisiológico. El sujeto podría percibir una serie de cambios anímicos o en su propio cuerpo como consecuencia de la exposición a situaciones que le provocan malestar.

Los síntomas propios del estrés más frecuentes y otros relacionados con este son:

a) A nivel cognitivo-subjetivo:  preocupación,  temor,  inseguridad,  dificultad para decidir,  miedo,  pensamientos negativos sobre uno/a mismo/a, pensamientos negativos sobre nuestra actuación ante los otros,  temor a que se den cuenta de nuestras dificultades,  temor a la pérdida del control,  dificultad para pensar, estudiar o concentrarse, bloqueo mental, etc.

b) A nivel fisiológico:  aumento del ritmo cardíaco, taquicardia, arritmia,  incremento de la presión sanguínea,  sudoración,  sequedad de boca,  disminución de defensas,  dificultad respiratoria e incluso asma,  aumento de la liberación de glucosa, lo que genera empeoramiento de la Diabetes, disminución de la actividad digestiva, enrojecimiento de la piel, alopecia, tensión muscular,  palpitaciones, taquicardia, bradicardia, extrasístole, temblores,  dolor de cabeza, cefalea, migraña, mareos,  náuseas, diarrea, estreñimiento, etc.

c) A nivel motor u observable: evitación de situaciones temidas, fumar, comer o beber en exceso,  intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.),  ir de un lado para otro sin una finalidad concreta,  tartamudear, llorar, quedarse paralizado, tricotomanía, etc.

El estrés puede producir enfado o ira, irritabilidad y tristeza-depresión y entre otras reacciones emocionales.  Además, podemos identificar claramente otros síntomas producidos por el estrés, como son el agotamiento físico, la falta de rendimiento,  bloqueos, problemas sexuales (impotencia,  eyaculación precoz,  vaginismo,  falta de deseo sexual), insomnio, etc.

Finalmente, si el estrés es muy intenso y se prolonga en el tiempo, puede llegar a producir enfermedades físicas y desórdenes mentales, en definitiva problemas de salud.  Igualmente,  puede dar lugar a hábitos de vida poco saludables,  como comidas rápidas,  falta de ejercicio físico o adicciones,  entre otros.

Para prevenir el estrés es importante eliminar los pensamientos negativos, que lejos de hacernos ver las “cosas como son” van a hacer que nos encontremos mal; es fundamental la práctica continuada de la relajación; llevar a cabo una planificación adecuada de las tareas diarias y organizar el tiempo, dando prioridad a las actividades más importantes;  hacer ejercicio físico, como andar, gimnasia, …;  dejar de consumir sustancias excitantes (café, té, chocolate, colas).

 

Con el Método PLP©,  hacemos un abordaje global de este problema,  enseñando a controlar los pensamiento e interpretaciones generadoras de estrés, a manejar  las respuestas fisiológicas de ansiedad, a planificar las tareas de modo adecuado, a afrontar situaciones con efectividad,  a comunicar asertivamente,  entre otros aspectos,  ajustando siempre el tratamiento a las necesidades y demandas concretas de la persona, todo ello, en muy poco tiempo.  Pide cita y lo comprobarás.

 

 

 

 

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